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Hoy, jueves, mi día insignia. Recibí un poco de dinero por ser día del niño. Jugué con mis primos pequeños y en la mañana jugué los ya mencionados juegos en línea. La luna sigue sonriendo (o haciendo cuna al niño, como en la canción de Mecano). El calor, igual de insoportable; pero por lo menos hoy corrió un poco más de viento, esa brisa jarocha que nos relaja por las tardes en que el danzón suena en el Zócalo, el bullicio se alza en el Malecón, el tintineo de los vasos se hace presente en el café de la Parroquia y el reloj del ayuntamiento marca la hora con aquella emblemática canción del flaco Agustín Lara. También hoy me distraje jugando con software de sintetización y edición de sonido, estuve expermientando con mi voz y otros sonidos, y puede ser el inicio de uno de mis proyectos.
Y bien... estos días he sentido un poco de... "celos". Ni siquiera sé si llamarle celos o envidia a lo que tengo, pero el asunto es que ahí está. ¿Celos de quién? Pues de "él". Está teniendo más suerte en el ámbito en el que yo estoy fracasando y en el que me tomé un descanso. "Los escarabajos llegan solos" dice mi amiga Brenda, así que seguiré su consejo. Hasta ahorita he sido un escarabajo, ahora me toca ser quien los espera. Pero no sé si pueda ser constante en ello.
Y la luna me sigue sonriendo...